Cuando del barro nada me separe

Sensaciones cuando mi papá murió :…

MT

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Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Reflexiones de servilleta que no limpia.

K

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Una de las pocas certezas que tenemos

Astrid

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Ví a mi papá morir con…

Estefanía

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2 hermanas y un fantasma ❤️

Rocío

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No me voy a deshacer de vos tan fácilmente

AA

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El dolor de extrañar lo que…

Anónimo

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Las manos

Para mi nono, de Lucia.

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Una mascota diciendo adiós

M.R

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«está en un lugar mejor»

JB

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Te amo y te extraño mucho…

JC

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¿Qué pasa después de la muerte?

EV

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Cuando la muerte no es solo un momento malo

Anónimo

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Para mis perros y mis abuelos

JH

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Sensaciones cuando mi papá murió :…

Sensaciones cuando mi papá murió :
- el mundo está empezando de nuevo (cualquier cosa cotidiana se convirtió en “la primera vez que… desde papa no está”
- los problemas de mi entorno no son problemas
- ¡¿y si en realidad no murió?!
- sueño recurrente: él aparece y yo le pregunto: ¿no estabas muerto, vos? Y se ríe.
- solo hablo de mi padre.
- solo escribo sobre mi padre
- solo leo sobre padres.
- “creo que como huérfana profesional, tengo las credenciales para asegurar que…”
- mi hermana: no sé qué hacer con este tema y papá no está para aconsejarme.
- que no pase nada extraordinario porque no va a estar para contárselo.
- mejor no tengo hijos, no voy a poder contárselo
- una copa de vino demás: “lo que mi viejo siempre decía es…”

— MT

Vivo en un country

Me da culpa escribir acá porque pertenezco a ese grupo privilegiado que sabe de la muerte como saber prestado y no como saber propio.

La muerte de un ser querido me da pánico, así que la niego. Evito pensarla, evito imaginarla. Evito las películas que sé de antemano que la invocan. También me cuesta mucho leer sobre ella.
Ahora lo hago porque mi amiga está investigando sobre el tema y quiero apoyarla, pero confieso que doy muchas vueltas antes de hacerlo y que apenas termino rápidamente me pongo a hacer otra cosa. Cualquier cosa que me conecte con la vida.

La única vez que la posibilidad de que una persona que amo muriera se me presentó de cerca, construí una escena en la que tenía que darle batalla. Ella y yo, mano a mano. Y como efectivamente no sucedió, en algún lugar de mí creo que le gané. Obvio que es mentira. Simplemente, esa vez me la dejó pasar.

No sé qué me va a pasar cuando la muerte me toque de cerca de verdad. Supongo que es parte de mi privilegio: soy una señora adinerada que vive en un country, alejada (y aterrada) de los pobres. Puedo pensar la muerte solo como si fuera algo que les pasa a otros. Pero sospecho que la muerte no va a respetar este alambrado. Quizás debería cambiar mi actitud para que no me tome por sorpresa, para que no me encuentre tan desprevenida. Pero, por ahora, no estoy preparada. Aunque quizás estar escribiendo esto sea un paso en esa dirección.

— CC

Colibrí de hierro

Hace dos años ya (que parece poco pero para mí es una re distancia) murió mi abuelo Vicente. No fue una muerte sorpresiva, eso lo sabíamos todxs. Él nos fue preparando para su partida. Nos decía que estaba muy cansado, andaba chinchudo, quejoso y hacía berrinches como les niñes. Nos cantaba tangos en las reuniones familiares. Nos contaba que su sueño frustrado era seguir con el dueto que tenía cuando era más joven con un amigo, el cual antes de partir quiso volver a contactar y que cuando llegó a la luthería no sabía si era su antiguo compañero o el hijo el que atendía el negocio familiar. Me quedan esos audios de él cantando (los cuales grabábamos a escondidas - porque como todxs ya sabíamos - la partida era inminente). No fue Gardel porque no podía soportar llegar tarde por la noche y ver a los chicos durmiendo. La familia primero. Mi abuelo era bicicletero y también ciclista. Tenía su negocio en el barrio de Acassuso, en zona norte. Tenía 80 años y hacía los mandados para mi abuela pedaleando bajo el rayo del sol aplastante o bajo el duro invierno que te arde la piel. Un día, solo en la calle, se cae de la bicicleta. El quiosquero de la esquina lo ayuda y lo acompaña hasta la casa. Es ahí cuando nos dimos cuenta: le queda poco a nuestro viejito. Mi abuelo tenía un corazón gigante, de hierro. Era tano, de sangre caliente. Aguantó hasta el final. No quedó nadie sin despedirse de él. Aguanto por todxs. Se fue amado por todxs. Hay gente que hasta el día de hoy se sorprende de su muerte. "No... ¿cómo que falleció Vicente?", le dicen a mi viejo en el negocio. Cuando fue mi turno de irme a despedir, me acerque bien cerquita, le agarré la mano fuerte y él me susurró: "Buscame en mariposas o colibríes". Todavía siento un vació cuando recuerdo irme de la habitación y dejarlo a él solito.

— Lourdes M

Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Reflexiones de servilleta que no limpia.

Nunca me sentí cómodo con esa inevitable asociación de la muerte al culto del luto estricto.
No es ley, pero sí algo bastante común: como cuando se muere alguien que era un hijo de puta en vida, pero no lo suficiente para seguir siéndolo de muerto.
En general, la muerte nos iguala y hace que el hijo de puta deje de serlo (excepto con Videla; ese se murió cagando en un inodoro).
Volviendo al principio, siempre encontré en la cumbia recursos para ordenar lo bueno y lo malo.
En este caso, para organizar el caos del dolor. Que el último adiós sea con cumbia es buscar que la despedida sea con aquello que me hizo sentir vivo.

Hoy se escucha cumbia en todos lados, la cumbia también nos iguala.

— K

Muerte: paz y alivio

La muerte para mí es paz y alivio. Claro que no la romantizo ni la siento de esa manera cuando pierdo un ser querido, estoy hablando de mí. En la muerte, para mí, no existe el dolor, las injusticias, las preocupaciones.

Cuando buscás la muerte empezás a respetarla. La muerte no es joda. Pero en contraposición, también valoras más la vida. Estar cerca de la muerte a mí me dejó esa enseñanza. La muerte es paz y alivio, sí, pero la vida puede ser eso también, no es necesario llegar a la muerte. Además, pienso, ¿no será que la vida es tan difícil que por eso en la muerte encontramos la paz? Para llegar a la paz hay que vivir.

Aprendí que en la vida también puedo sentirme como pensé que sería en la muerte.

— JC

Una de las pocas certezas que tenemos

Hasta hoy solo perdí a una persona realmente importante para mí, mi papá. No lo viví con alegría; hubiera querido tener más tiempo con él en mi vida, pero no dejo de sentirlo presente. La Muerte no está en mis planes ni en mi cabeza a diario, pero saber que él ya está allá, esperándome, me da un poquito de paz .

— Astrid

Finitud

Procesar la ausencia... amigarnos con la nueva realidad... extrañar tanto a quién partió como a quién éramos para él o ella y aceptar que con su partida también partió una parte nuestra. Entender que esa suma de momentos que es la vida nos propone generar vivir esos momentos que luego serán recuerdos impresos en nuestra alma y memoria. Humildad y aceptación frente a nuestra finitud. Capacidad de asombro ante la complejidad y sencillez del universo y de la vida. Aceptar la muerte como parte de la vida. Eso. Nada más ni nada menos.

— Carol

Ví a mi papá morir con…

Ví a mi papá morir con todo el amor y el espanto que pude juntar. Le pedí la sedación final y pasé toda la noche con él. Cuando bajé a fumarme un pucho, tomé dos mates con mi prima, subí y fui a tocarlo y decirle y su compañero de habitación en ese momento me da el pésame. Lo tuyo siempre fueron los pasos de comedia, te amo infinito

— Estefanía

2 hermanas y un fantasma ❤️

Para mí la muerte tiene distintos niveles de intensidad. Ahora (un año y 3 meses sigue siendo ahora) alcanzó otra dimensión porque Pancho está ahí. Entonces la muerte tiene una nueva identidad. Y no te deja ningún aprendizaje pero si algunas sorpresas: te encontrás con emociones nuevas que sobre todo, decide el cuerpo. El cuerpo sabe hacer un duelo que vos no. Ahora múltiples elementos de la vida cotidiana tienen su identidad: el olor del asado un domingo al mediodía soleado de invierno con el ruido de los pajaritos para siempre van a recordarme a él. Ojalá siga siendo suyo ese momento lo que quede de mi vida.

— Rocío

No me voy a deshacer de vos tan fácilmente

Pensé que íbamos a envejecer juntos, por eso de que hierba mala nunca muere, pero te me escapaste en diez días.

Encima, te tuvimos que ocultar que te ibas. No lo hubieras soportado. Vos preguntabas si estabas condenado, si te habían dado la perpetua y yo intentaba averiguar qué habías hecho. Que habías buchoneado a alguien, me decías.
Estuvimos diez días en el sanatorio a tu lado. Era fin de año y todos quisimos acompañarte. Algunos tenían sus familias de vacaciones, pero prefirieron quedarse y estar a tu lado. Creo que nunca recibiste tanto amor como en esos días.
Fuimos guardianes feroces de tu tranquilidad. Los médicos de cuidados paliativos decían que lo bueno era que tenías tiempo para prepararte, que te dijéramos lo que estaba pasando, pero nosotros decidimos no decirte nada a menos que preguntaras. Nunca preguntaste. Cada vez que te llevaban a hacer un estudio, me mostrabas la mano con los dedos juntos en señal de que estabas muerto de miedo. Muchas veces dijiste que te querías ir del sanatorio, que la habíamos cagado al quedarnos ahí. Yo te convencía de que, ya que estabas, te hicieran todos los estudios, así te los sacabas de encima. Ok, decías. Una vez te puse tu camisa para que te sintieras más en tu casa.

La noche del 24 de diciembre nos quedamos con Elena a dormir con vos. Vamos a hacer un campamento, te dije. Qué buena idea, dijiste contento. No te dijimos que era Navidad y, por suerte, cuando entró Papá Noel al cuarto estabas dormido.

Una vez que volvíamos de la cafetería, te estaban sacando del cuarto. Te iban a poner una sonda para alimentarte por la nariz. Ya no podías comer. Nos tuvimos que oponer con fuerza porque ese era el protocolo del sanatorio.
Nada que te molestara fue la consigna. Y la cuidamos con cuerpo y alma.

Te ibas. Se notaba día a día en tu cuerpo, en tus palabras, en tu respiración. Ibas desapareciendo y al mismo tiempo te metías en nosotros, más entrañable, más querido, más divertido que nunca.

Para Año Nuevo varios de nosotros comimos juntos en lo de Carlos. Todos tristes. Cuando nos subimos al auto para irnos, en la radio pusieron la canción de Killers que le encanta a Carlos. Nos pusimos todos a bailar en el estacionamiento. También lloramos, pero fue hermoso.

Te fuiste esa madrugada. Estabas con María Luisa. Las vueltas de la vida, cuando de chico tenías miedo, te metías en su cama.

Me encantó tenerte de hermano. Me hiciste llorar de risa, me hiciste sentir importante con tus llamados diarios. Siempre estuviste cerca; fuiste la persona más cariñosa del mundo, pero también me hiciste vivir los peores momentos cuando tenías recaídas y no contestabas el teléfono. Nunca tuve tanto miedo en mi vida como cuando te íbamos a buscar a tu casa rezando que estuvieras vivo.

Todo eso ya pasó. Pero en realidad no pasó, está dentro mío. No hay un día en que no me acuerde de vos. Eras demasiada parte de mi vida. Se ve que no me voy a deshacer tan fácilmente de vos.

— AA

Contradicciones

Hablando de la Muerte , siempre pienso que me encantaría creer que HAY ALGO después. Pero NO lo creo. También me chocan un poco las religiones, honestamente, hasta a veces me molestan y me indignan. Las veo como muy hipócritas todas… y hasta nocivas. Pero volviendo al título de la contradicción, y después de haber escrito lo que escribi arriba, a veces hago esto: Cuando necesito que algo que quiero mucho suceda, a mí o a mi hija Inés, o que algo salga bien, le prendo unas velitas a la foto de mi mamá y a una frase escrita por ella en un papel, creyendo que eso me va a ayudar o va a provocar que lo que necesito que salga bien, SALGA BIEN. Obvio que a veces pasa, a veces no, pero yo lo hago igual. ¿No es contradictorio??? O tambien a veces pienso que es la buena energia que mi mama queria que nos salga todo bien , o mas bien queria que lo que deseamos, nos suceda, entonces es como que invoco a esa energia. Bueno, quería contar eso que siento que es raro, pero lo voy a seguir haciendo!!

— Janine

Sebas

Un año y tres meses. Poco, mucho, nada, o una eternidad. El tiempo se vuelve incontable, incalculable. la sensación de vacío nunca se va, se te pega y nunca te deja.

Aún persisten tus chistes de humor negro. Todavía resuenan en mi cabeza algunas canciones de Red Hot Chilli Peppers que me hacen acordar a vos. Entro a tu casa, miro a mi alrededor, te busco con la mirada y no apareces, pero igual estás, quién sabe cómo pero estás.

Hoy hubiera sido tu cumpleaños, lo hubiéramos festejado en el patio techado de tu casa con algunas pizzas, empanadas y sanguchitos de miga. Como siempre, con Valen hubieran puesto reggaetón, y con Mica y Fiore estaríamos boludeando con la música. No podría faltar algún discurso tuyo y mi papá y tus amigos acotando chistes internos. Y la torta, exquisita como siempre, porque claro, la hiciste vos.

No hay día en que no te lloremos, en el que no te pensemos, en el que no te extrañemos. Te nos fuiste así nomás, sin previo aviso. Fue todo tan repentino que un año y tres meses después lo seguimos procesando.

Te extraño. Mucho. Y no me di cuenta de lo mucho que te quería (y quiero) hasta que no te lo pude decir. A veces me acuerdo de que nunca nos decíamos nada tierno y lloro. Porque me cuestiono y arrepiento de no haberlo hecho. Sin querer queriendo, me enseñaste a expresar mis sentimientos hacia los demás con un poco más de frecuencia, porque quien sabe qué pasará mañana.

Eternamente agradecida por haber recorrido lo que recorrí con vos cerca mío.

Hasta siempre Sebas. Te quiere, Sofí

— Sofía Signorelli

El dolor de extrañar lo que…

El dolor de extrañar lo que nunca puede volver.
El dolor de volver a ese recuerdo,
Esa imposibilidad,
Ese amor

— Anónimo

No te quedes quieto.

La muerte es inevitable y es lo que le da valor a todo el resto. El tiempo es limitado, no se queden con las ganas. Vayan, vengan, digan, salgan, entren, no importa, sólo no se queden quietos.

— TG

Cartas al cielo

Cada muerte nos atraviesa desde diferentes planos. Algunas nos enseñan mucho otras un tanto menos, pero todas nos exponen a vivir sentimientos a flor de piel.

Tenía 9 años el día que mi mamá nos sentó en la escalera a contarnos que mi abuelo había fallecido. Me encontré siendo una nena que no solo lloraba un alma perdida, sino que no comprendía la angustia que le generaba el tiempo perdido. Mi mamá y mi abuelo no se hablaron por largos años, volvieron a estar en contacto cuando la enfermedad había avanzado. Nunca es tarde, seguro pensaron, pero ¿cómo se lo explicas a una nena?. Esa angustia se convirtió en un nudo en el pecho por no poder compartir con mi abuelo los días que siguieron. Mamá nos volvió a sentar, a mi hermano y a mi, para enseñarnos a duelar o, al menos, a buscar técnicas en el camino. Así, llegaron las cartas al cielo. Cada cumpleaños, cada alegría y anécdota compartida pasaban a estar en un papel que luego quemábamos para que lleguen, junto al humo y las cenizas, al cielo. Así, aprendí a duelar con las palabras.

— Anónimo

Bariloche año 2000

(Fragmento de mi libro)
Está todo mojado y tengo frío. El pasto, los pinos, las flores. Mamá me dice que no puedo andar más desabrigada porque empezó el otoño y me puedo engripar. Me dice que no hay plata para eso. Casi todos los árboles están pelados. El cielo gris. Tengo algo en el vestido. Se me pegó en los dedos. También manché mis zapatos de charol. Cuando mi abuelo me los regala ya me quedan chicos.

-Sofía, levantate de ahí ¡ya! ¿No ves que está todo lleno de resina?

Mi mamá siempre grita, parece enojada. Agustín está llorando desde ayer, me despertó a la noche. Mi papá se la habrá agarrado con él otra vez. Salgo a ver que hace.

-Andá, que tu madre te llama. Hace frío acá afuera. Decile chau a Feroz
-¿Qué le pasó?
-Se fue al cielo
-Entonces busco flores ¿Le pasó lo mismo que a la Chiqui?
-Sí; tené cuidado con lo que levantas del piso, de nuevo el vecino está tirando veneno para perros

— Morgana

Las manos

Me adivinaste nena. Me soñaste rubia y de rulos. Tuviste que esperar varios años para confirmarlo porque hasta cumplido un año fui pelada.
Nací con una mano en el cachete, como descansando. Me ayudaron con una pinza que ya no se usa más. Dormí siempre en ranita. Pasó mucho tiempo ya y los médicos aún no se ponen de acuerdo sobre cómo debería dormir una beba.
Me diste la mano cuando todavía no sabía cómo dar el paso. Si la memoria se me nubla por suerte está esa foto y esa historia que cuenta mamá.
Esos veranos en Los Cocos y tus anhelos de largar todo y plantar orégano.
Aprendí a caminar finalmente de tu mano.
Quisiera detenerme en tus manos.
Grandes, fuertes y suaves. Curtidas y levemente nacaradas un poco oleosas tal vez. Tornasoladas, tostadas. Tus uñas prolijas siempre al ras. Su cálida temperatura. Ajadas, un poco, pero a la vez jóvenes y temerarias. Esas manos confiables, seguras, únicas, inolvidables. Cuando se quiere escapar un recuerdo pienso en tus manos. Nunca vi otras que se le parezcan.
Vuelven a mi todos los momentos. Las manos que me ayudaron a caminar. Las manos del saludo a la única nieta mujer. Las manos concentradas cuando escribías con tu caligrafía perfecta. Las mismas manos que después temblaron un poco desordenando tu trazo. Manos que te di esa última vez cuando ya no hablabas pero ¡tus manos! Me apretaron fuerte y lo dijeron todo.

— Para mi nono, de Lucia.

Mi hilo rojo

Hace 8 años que mi abuelo va todos los domingos a la iglesia donde están las cenizas de mi abuela. Va con su carrito porque le cuesta mucho caminar, y me pide que lo acompañe. Al día de hoy la recuerdo y sigo llorando, igual que él, con él. A veces hasta la sueño.
Era la persona más cariñosa e incondicional que existía, aunque estaba recontra loca. Todo el mundo me dice que soy igual a ella, a mi me llena de orgullo. Mi tío dice que nunca paraba de hablar de mí. La extraño un montón, igual que mi abuelo. Hay tantas cosas que me gustaría contarle mientras tomamos unos mates, jugamos a los dados y vemos la tele. Y ni hablar de la comida tan rica que me hacia con tanto amor.
Te amo abuela, siempre 💜

— Martu

Que tema la muerte!!!

Quiero ser breve, no es igual la muerte para personas creyentes que para las que no, eso cambia absolutamente todo y empezaría el debate.
Yo voy a contar que me pasa hoy con la muerte. Nunca le tuve miedo, no puede ser algo malo después de haber vivido razonablemente bien.
Tengo hijos, está bien que yo muera y ellos queden, así que eso no me preocupa. Algunos amigos murieron y otros están, me extrañarán un tiempo.
Mi problema con la muerte no soy yo, o lo que me pueda pasar. Es que hace 15 años conocí una persona, una mujer que es un ángel. Que disfruto cuando la miro, cuando me habla, cuando me saluda a la mañana, cuando se despide a la noche, cuando me manda mensajes, fotos o información. Es alguien a quien siempre quiero hacer feliz y disfruto tratando de cuidarla. Alguien dijo "no le tengo miedo a la muerte, pero quiero seguir viviendo". Tratando de cerrar lo que quiero expresar. Hoy quisiera seguir viviendo para disfrutar de este amor que siento y vivo todos los días.
No sé si esto sirve, pero les cuento lo que me dió la vida y me puede quitar la muerte.
Decía tema libre. Gracias por la posibilidad de poder contarlo.
(Buena vida)

— A L Q

Una mascota diciendo adiós

Cuando mi perro se fue me cuido mucho a mi. Se ve que el sabía que yo necesitaba más contención para ese adiós que el resto de mi familia.

Él se llamaba Tango y era un caniche de 12 años.

Yo no soy copada con gente que no conozco, pero un dia una amiga de mi hermano necesito ayuda para un curso laboral, ella es peluquera entonces necesitaba eso: pelo. Ahi apareci yo dejandole usar mi cabeza para eso.
Ese dia me fui todo el dia, Tango se quedo con mi mama. El sufría un soplo en el corazón por lo que siempre necesitaba atención.

Recuerdo que mientras no estaba recibí mensajes raros como "cuanto te falta para volver, tengo ganas de verte y abrazarte". Yo no entendía mucho la verdad.

Al terminar mi hermano me fue a buscar y yo solo podia pensar "que hace este boludo acá, al pedo". Ahora recuerdo su accionar con mas cariño, él fue a contenerme y a darme la noticia.

Cuando llegue a casa logre hacer lo impensado, me pude despedir. Lo vi incluso en ese estado. Quieto, frío, ido.
Pocos dolores experimente como ese. Tango era todo para mi.

Pero más alla de todo el dolor, elijo quedarme con lo lindo, con lo compartido. Con todo su amor y toda esa lealtad. Hoy lo llevo en mi piel, me tatué su nombre.

Nunca lo voy a olvidar ❤️

— M.R

Me extraño

Esto no se me ocurrió a mi, lo leí por ahí pero me llegó tanto que ya no se en donde lo leí y me lo apropié.
Te extraño, pero por sobre todo me extraño a mi, si puede sonar bastante egoísta, pero al fin y al cabo vos te fuiste y soy yo, somos nosotros los que tenemos que seguir sin vos.
Extraño el espacio que me regalaste, lo que significaba para vos, lo que hacíamos juntos y me da bronca. Me refugié pensando que es temporal, que estabas de viaje. Entiendo mas que nadie que todos venimos a vivir y morir, que nuestro tiempo es efímero, y no me da miedo la muerte (si el como) pero me da bronca que realmente no haya algo para llenar ese vacío, para no extrañar. Es verdad que el tiempo cura y pone todo en su lugar, pero que hacemos mientras pasa ese tiempo?
Me extraño despreocúpada de tu partida, me extraño antes de todo eso, me extraño en esa otra realidad.

— D.V.P

Me recibí

Me recibí, pero me olvidé de mirar al cielo y contarte.
Pero se que estuviste ahí, al lado mío, susurrando las respuestas del final más difícil de la carrera.
Y que armaste una fiesta con todos los que están allá arriba.

— LL

Desde que no estás

Desde que no estás la vida se volvió adulta, perderte fue el primer paso que rompió mí burbuja de niña. Gracias por haberme acompañado hasta ahí, pero no sabes la falta que me hace que estés al lado mío. Me estoy por recibir, me han roto un par de veces el corazón, nacieron muchos niños que te volverían loco del amor, estamos bien. La abuela está bien, seguís en nosotras. Te amo y te extraño siempre. Tu porotita

— Maca

«está en un lugar mejor»

Podrida de la gente que te dice "pero ahora está en un lugar mejor". No, imbecil: el que está en un lugar mejor ahora soy yo, que ya no tengo que contener a mi vieja cada vez que necesita que le cambien los pañales o le ayuden a bañarse, y se pone mal porque no puede sola. Yo, cuyo único recurso en los momentos donde la morfina no alcanzaba era apretarle la mano y tratar de no llorar para que ella no se pusiera mal. Yo, que no puedo lamentar su muerte, porque nos a alivió a todos. Yo, que se me fue un peso de encima cuando se fue la persona que mejor me conocía en el mundo. Y aun así la extraño todos los días.

— JB

Una canción de amor

¿Se puede limitar el amor a la ausencia física? ¿Pueden dos seres estar conectados sin conocerse de manera física? Yo pensaba que no, que uno solo genera vínculos con quién comparte tiempo terrenal, que copiar gestos o palabras solo se consigue por convivir. Pero resulta que aunque no compartimos tiempo en la tierra (no el suficiente) igualmente hablo como vos, sonrió de costado como vos, tenemos las mismas manos y hasta dicen los que nos conocen que hablamos parecido aunque no conozca tu voz ni tu risa. Quizás fue que los pocos meses que compartimos me tenías en brazos solo vos, seguramente me contabas cosas que eran un secreto solo nuestro y toda esa adoración atravesó la muerte física. Hace unos años escribí en las notas de mi celular:
Mi alma pertenece a la tuya
No hay explicación que alcance
Simplemente nos pertenecemos
Desde el primer momento
Llevo tus manos, tu sonrisa y tu esencia
Respiras por mis pulmones
Hablas con mis labios
Y sentís con mi corazón
Somos cinco partes de uno
Unidos por la sangre que compartimos en tu nombre.

— Rebeca

No te mereces mi muerte

Tu muerte es un mensaje esperado. Sorpréndelos eligiendo vivir. Con irreverencia y altanería. Elegir vivir, y superar aquello que era seguro que te mataba, es mostrarles que no merecían tu muerte. Y, ahora, te merecen en vida.

— Anon

A mis muertos

Mis muertos son esas personas que en vida me marcaron a fuego, que siguen vivos en mi adn. A mis muertos les pido señales, les agradezco, les imploro. Carente de cualquier formación religiosa, mis muertos son mi religión, la deidad en la que creo y en la que deposito mi fe. Para mí, Dios son mis muertos.

— LLKN

En análisis

La muerte en mí no es nada. Es LA nada. Ya está. Se acabó.
La muerte para los que quedan acá… es el horror. Un dolor desgarrador. Un corazón destrozado, un cerebro lleno de preguntas de las cuales cada quien encontrará algunas respuestas y otras no.
Algunos encontrarán consuelo, otros no.

La muerte en la vejez es el ciclo de la vida. La muerte en la juventud es un agujero negro.

No me quiero morir, porque me gusta esta vida pero también para no lastimar a los que van a quedar acá.
La muerte de mis seres queridos no la quiero pensar, analizar, debatir. No existe.

— Ivana

Te amo y te extraño mucho…

Te amo y te extraño mucho mami, no hay un solo día que no deje de pensar en vos

— JC

¿Qué pasa después de la muerte?

Cuando falleció mi abuelo, pensé mucho en el después. Si estará viendo desde algún lado, si está “en un mejor lugar”, como nos decían todas las personas a modo de consuelo. Lamentablemente ninguna de esas ideas me parecía creíble. Para mí la muerte era muerte y nada más. Un día está, y al otro ya no. Eso hizo que me costara mucho más el duelo, no lo podía pensar desde un lugar positivo hasta que leí “jamás se va lo que queda abrazado al alma”. Era eso la muerte. No el que hay después para el que muere, sino lo que deja en vida. El dolor que sentimos es todo el amor que no fue expresado, y todo el amor recibido. Cada vez que lo pensaba y lo extrañaba, sentía el amor de mi abuelo… presente, abrazado a mi alma.

— EV

Cuando la muerte no es solo un momento malo

A veces tenemos familiares que están hospitalizados mucho tiempo y ya como familia a pesar de que lo queremos ver bien, es un dolor muy grande verlos aferrados a un suspiro. Aunque duele verlos partir, sabemos que a veces es lo mejor ❤️ El velorio no es para el que se fue sino para los que se quedan.

— Anónimo

No se sabe

Hay una canción de Zambayonny en un disco híper guarango lleno de canciones sobre minas y la paja que se llama El Whisky de Dios. Me rompió la cabeza cuando la escuché porque uno siempre dice que "nunca sabe" cuando puede llegar la muerte. Pero acá está profundizado: no solo no sabemos cuando morimos, tampoco sabemos cuando son nuestras últimas cosas. Nuestra ultima foto, nuestra ultima ropa que compramos, nuestro último saludo a una persona. Siempre hay algo próximo hasta que la muerte corta ese hilo de posibilidad latente. Por eso siempre sonrío en las fotos, me compro buena ropa y saludo a la gente. Porque todo podría ser lo último. Porque Dios podría estar pidiéndome que diga Whisky.

— Fran DG

Miley Cyrus – Flowers

Con mi madre solíamos compartir momentos escuchando los discos de Cyrus. Cuando enfermó gravemente y salió esta canción, logramos corearla y hasta hoy sigue siendo un hermoso transporte a lo que fuimos juntas.

— PR

Para mis perros y mis abuelos

Ayer me puse a ver fotos de mi perro, falleció hace un año. Para otras personas perder a una mascota no es tan significativo, para mi fue perder un compañero, quien todos los días me recibía y festejaba, quien estaba cuando necesitaba un abrazo. Capaz también mis perros (el otro falleció hace un par de años ya) me hacían acordar un poco a mis abuelos, porque al fin y al cabo ellos me enseñaron a amar a los animales y a darles un hogar.

— JH