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Historia de la muerte en Occidente
Nuestras formas de morir y de vincularnos con la muerte no siempre han sido las mismas.
Las actitudes de la sociedad occidental frente a la muerte, las prácticas rituales y nuestros modos de convivir con los muertos fueron transformándose con el tiempo. El recorrido histórico que proponemos debajo repone las cuatro etapas de la historia de la muerte en Occidente que definió el historiador francés Philippe Ariès. Estas actitudes frente a la muerte, si bien se superponen y no son estancas, representan la cosmovisión dominante en cada época. Ariès nos enseña también cómo leer los indicios que marcan el cambio entre una y otra etapa. Al final, sumamos una quinta etapa representativa de la era moderna, propuesta por el sociólogo Michael Hviid Jacobsen, a modo de continuación de las de Ariès, para pensar los cambios que introducen las mediatizaciones en el vínculo social con la muerte desde fines del siglo XX.
La muerte domesticada
La larga Edad Media
En esta etapa quien siente que llega su hora se prepara y se despide. Los ritos en torno a la muerte son conocidos por todos; el moribundo participa sin resistirse. Familiares, vecinos y niños rodean el lecho de muerte. La muerte forma parte de la vida de la comunidad y morir es como “irse a dormir”. La palabra cementerio viene del griego koimeterion, “dormitorio”. En las representaciones cristianas que analiza Ariès, los muertos descansan a la espera de la resurrección.
Siglos XI–XII
Prepararse para morir
Ariès toma la muerte del caballero Rolando en el cantar de gesta “La Chanson de Roland” como ejemplo arquetípico de la mentalidad de la Edad Media frente a la muerte. El héroe reconoce que va a morir, recuerda su vida, sus cosas y se encomienda a Dios (commendacio animae). La muerte anunciada permite al moribundo ordenar su despedida e irse en paz. Muere con serenidad y aceptación.

Edad Media
Un cementerio entre los vivos
En el cementerio de los Santos Inocentes de París se enterraba, comerciaba y conversaba, todo al mismo tiempo. Era un espacio público multifunción en el que las sepulturas y los osarios compartían su lugar con la vida cotidiana. Ariès describe una familiaridad de los vivos con los muertos, que hoy puede parecernos impensable. El cementerio fue clausurado en 1780 en un contexto de preocupación por la salubridad y la acumulación de cadáveres.

Edad Media
Philippe Ariès
“Los muertos les resultaban tan familiares como familiarizados estaban ellos con su propia muerte”.
La propia muerte
Desde los siglos XI–XII
En esta etapa, la singularidad de la vida de cada uno entra en juego. El destino colectivo convive con una preocupación creciente por la propia vida. A la hora de morir, cada uno se enfrenta con su pasado, con lo que hizo y con su legado, con lo que deja. El Juicio Final, el testamento y la tumba con nombre ponen en primera plana la responsabilidad de cada persona sobre sus propias acciones. La muerte adquiere una carga personal cada vez mayor; hace que el hombre tome conciencia de sí mismo.
Siglo XII
Una vida puesta en la balanza
En el Juicio Final de Conques, que ocurre al final de los tiempos, cada persona debe responder por sus actos: las almas se pesan en una balanza. Ariès lee esto como una señal del lugar cada vez más grande que ocupan los actos individuales en la vida después de la muerte.

Siglo XV
Aprender a morir
Empiezan a circular los “manuales del buen morir”, llamados Ars moriendi o artes moriendi, que enseñan a las personas a prepararse para el fin de la vida de acuerdo con la tradición cristiana. La escena se traslada a la habitación del moribundo, que enfrenta una última prueba: resistir las tentaciones antes de morir. Se creía que su actitud en ese momento podía decidir su salvación o su condenación.

1485
La danza macabra llega al papel
La danza macabra es un género artístico medieval que representa la universalidad de la muerte: los muertos se llevan al papa, al emperador y a personas de distintos oficios. Ariès vincula estas imágenes con la conciencia de la época de la muerte y con el apego a una vida que se termina, llena de cosas que cuesta dejar.

La muerte del otro
Siglos XVIII–XIX
En este momento de la historia, la pérdida del ser querido pasa a ocupar el centro de la escena. La separación deja de ser lo natural y se vuelve difícil de aceptar. El dolor se expresa con intensidad. Visitar la tumba y guardar recuerdos permite a los vivos sostener un vínculo con los muertos.
1803
Guardar el recuerdo en casa
Los recuerdos de duelo llenan las casas con nombres, fechas y escenas de la despedida. Este bordado recuerda a Daniel Goodman, muerto a los dieciocho años. Es un ejemplo de los objetos familiares que Ariès reúne bajo el nombre de “mourning pictures” (imágenes de duelo).

1804
Un lugar al que volver
Abre el Cimetière du Père-Lachaise en París. Este cementerio se consolida como lugar de visita y memoria familiar. Las tumbas llevan nombres grabados. Son un lugar al que llevar flores, un espacio para recordar y duelar.

La muerte vedada
Siglo XX
La muerte empieza a alejarse de la casa y empieza a trasladarse al hospital. El duelo pierde espacio público, se interioriza. Las personas evitan hablar del fin de la vida. Ariès describe una muerte administrada. En el proceso que describe, las decisiones pasan al equipo médico y quien está muriendo pierde protagonismo.
1930–1950
De la casa al hospital
Ariès sitúa en estas décadas una aceleración histórica. La técnica médica prolonga la vida y modifica la experiencia de la muerte: las decisiones las toma el equipo de salud y la despedida familiar queda subrogada a los mecanismos y rutinas del hospital.

La muerte espectacular
Siglos XX–XXI
En esta quinta etapa, propuesta por el sociólogo Jacobsen, la muerte vuelve al centro de la escena. Adquiere una nueva visibilidad: los funerales son televisados, los homenajes son públicos y colectivos. El duelo se expresa en redes sociales. Se desarrollan los cuidados paliativos y las ceremonias de fin de vida se vuelven más personales. Jacobsen propone esta quinta actitud para pensar en el vínculo con la muerte que establece el presente, en el que conviven visibilidad con exposición y con interioridad y silencio.
1967
Acompañar hasta el final
Cicely Saunders, enfermera, trabajadora social y médica, funda el St Christopher’s Hospice en Londres. El cuidado de los moribundos (cuidados paliativos) y el alivio del sufrimiento son la prioridad. Una de las frases más representativas de Saunders es “Tú importas por ser tú, y seguirás importando hasta el último momento de tu vida”. Jacobsen retoma el movimiento de cuidados paliativos como uno de los cambios que cuestionan la muerte vedada/escondida.

1997
Un duelo compartido por millones
La muerte de la princesa Diana desencadena homenajes multitudinarios y una despedida televisada. Personas que no la conocieron dejan flores y mensajes. Jacobsen incluye estos duelos públicos entre los ejemplos de una muerte que vuelve a hacerse visible a través de los medios.

Hoy
Hoy, lo digital (perfiles, fotos, audios y mensajes) prolongan la presencia de los muertos.


